En esta entretenida tarea que es la de educar hijos e hijas algunas madres y padres se encuentran, de repente, con que sus criaturas que antes les profesaban algo parecido a la adoración pasan a mostrarles una especie de inquina, mezcla de desesperación, manía, desprecio, hastío que se manifiesta con frases del tipo: “no te soporto”, “eres odiosa”, deja de fastidiarme la vida” acompañadas de destierro, se van a su cuarto y te castigan con el látigo de la indiferencia.

Triste y sola se queda la madre y el padre, preguntándose qué hemos hecho para merecernos esto. Por qué nuestras criaturas que hasta hace nada nos decían papito bonito, mamita guapa, nos han convertido en una mezcla de Ángela Channing, Cruella de Vil, el Jocker, Darth Vader, Maléfica y ni nuestra presencia soportan.

¿Sabes por qué te has vuelto, a sus ojos, tan odiosa o tan odioso?

Porque le estás marcando límites.

Porque las normas siguen siendo válidas y eso molesta a los que las incumplen.

Porque les dices que fumar-beber es malo por mucho que ellos te lo quieran justificar como si el tabaco-alcohol fuera una aspirina.

Porque a veces no se aguantan y les molesta hasta que les digas buenos días.

Porque les recuerdas que no están haciendo lo que tenían que hacer (y no me refiero solo a estudiar).

Porque, a veces, realmente eres muy pesada o muy pesado.

Porque lo que para ti es protección ellos lo interpretan como asfixia.

Porque los padres y madres de los demás, como no les dicen nada a ellos, son un encanto.

Sí, un día te convertirás en un ser odioso a los ojos de quién más quieres. Pero espabila, ¿qué quieres que te digan, olé mi madre, olé mi padre, gracias por guiar mis pasos y mi vida?

No educamos para que nos hagan la ola. No educamos para ser unos padres guays. No educamos para tener hijos modélicos. Educamos porque alguien tiene que mostrar el camino a nuestros hijos y a menudo nuestros hijos se ven tentados por los atajos.

Así que cuando te digan odiosa-odioso, malvado-malvada, amargada-amargado y se encierren en su habitación, tú solo contesta, con cariño: “pues yo te quiero”.

Te recuerdo que el adolescente no eres tú. Así que no te pongas en plan dramático y a seguir educando.

Fuente: blogs.hoy.es/carlos_pajuelo

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Carlos Pajuelo

Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Cultura. Compagina su labor de Orientación con la de profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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