Mi amiga Paqui, que llevaba un tiempo tranquila con sus niños, me llamó el otro día para hablarme de su nuevo desasosiego: “Carlos, mi hijo se pone camisetas y vaqueros rotos y es como un uniforme siempre vestido igual, y no te quiero ni decir cómo lleva los pelos, se pasa 15 minutos delante del espejo, peinándose un despeinado. ¡Qué pinta lleva! No me gusta cómo va y no sé si debo ceder u obligarle a que se vista más normal”. Y a renglón seguido me dice:”¿Qué hago?”

Y eso me lo pregunta a mí, que soy el asesor de madres-padres, pero todas las mañanas tengo la duda de qué ropa ponerme, si pega o no pega y echo de menos a mi cuñada Tete Cabezas que tiene la habilidad de organizarte “conjuntos” en un periquete.

La ropa y el peinado es lo de fuera y lo importante de nuestros hijos es lo de dentro, así que no hagamos dramas con ropas y pelos, porque esta no es la pelea de los padres.

Algunas ideas respecto a cómo actuar en estos casos.

1.- Que los niños y niñas tengan la posibilidad de elegir qué quieren vestir y cómo, de entrada, es una buena opción, muestra que tienen claro qué es lo que quieren, su autonomía, sus gustos. Los padres podemos ayudarles, cuando sean pequeños, a que ellos decidan presentándoles un par de opciones. Cuidado con lo de “esto no pega con esto” que no tenemos hijos para que luzcan en el Instagram, es mejor asesorarles con mensajes del tipo, “este suéter combina mejor con este pantalón, pero al que le tiene que gustar es a ti”. Cuidado con lo de “eso es de pijos” o “eso es de canis” Los hijos son bonitos porque son nuestros hijos no por que vayan más o menos “monos”, no les convirtamos en unos racistas textiles, organizando el mundo en función de cómo visten las personas.  Y además para gustos los colores.

2.- Está claro que si tu hija adolescente quiere salir vestida como si fuera una bailarina de Reggaetón (Me lo pido el taxi, me lo pido el taxi…)  pues tendrás que hacerle ver que ese tipo de vestimenta es inapropiado para niñas de su edad y ya tendrá tiempo cuando sea mayor de vestir como alguien mayor. Los adolescentes pueden y deben de elegir qué ropa les gusta, pero creo que el criterio “hipersexualización” es un buen límite para decir NO, esto no corresponde ahora. Pero no te creas que va a ir tu hija a abrazarte y decirte mamá gracias por preocuparte por mí. Te va a montar un buen pollo.

3.- Los adolescentes y preadolescentes quieren vestirse como lo hacen el resto de sus amigos. Pero tienes que tener claro el criterio “marcas”, ya que  hay  marcas que cuestan un ojo de la cara. Los padres vestimos a nuestros hijos, pero lo que no debemos de hacer es gastarnos lo que no tenemos para que nuestros príncipes y princesas vayan a la moda. Y cuando le digas que no a la compra de una determinada marca tampoco van a ir corriendo a abrazarte para decirte “mamá, papá, que guais sois”.

4.- Que le gustan las camisetas, pues que se compre 7 camisetas. Pero ten en cuenta, como bien dijo JR. Alonso de la Torre en su artículo del Hoy,  estas camisetas hacen que huela la sobaquera y si lo añadimos a que los portadores de las camisetas son unas bombas de hormonas andantes… no hay botafumeiro capaz de eliminar el olor. “Ponte lo que quieras, pero limpio, muy limpito. Ponte los pelos como quieras, pero duchadito. La limpieza es la lucha, no la ropa.

5.- Dentro de 15 años cuando vean sus fotos de adolescencia les pasará lo mismo que te pasa a ti cuando ves tus fotos de juventud, que te das cuenta que en el pasado todos éramos unos horteras.

Fuente: Hoy.es Carlos Pajuelo

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Carlos Pajuelo

Carlos Pajuelo Morán, psicólogo y padre de dos hijos, ejerce su tarea de Orientador en el Equipo Psicopedagógico de Atención Temprana de la Consejería de Educación y Cultura. Compagina su labor de Orientación con la de profesor asociado en la Facultad de Educación de la Universidad de Extremadura. En este blog los padres y madres interesados por los temas de la educación encontrarán información fácil y accesible, basada en aportaciones de la psicología y la psicopedagogía, que les ayude a identificar las competencias y habilidades que como padres poseen y a utilizarlas de la manera más eficaz para poder seguir ejerciendo esta apasionante, aunque a veces ingrata, tarea de ser padres.

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